La decisión de Donald Trump de congelar el despliegue de misiles Tomahawk y otros sistemas de largo alcance en Alemania reabre una vieja pregunta en el continente: ¿puede Europa sostener por sí sola una capacidad creíble de ataques convencionales de precisión en profundidad frente a Rusia, justo cuando Moscú vuelve a desplegar misiles de alcance intermedio prohibidos en la Guerra Fría?
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