El discurso de Jerome Powell en Jackson Hole ha reavivado el debate sobre la dirección de la Reserva Federal. Los mercados celebraron su tono acomodaticio, pero la historia invita a la cautela: cuando la fiesta se descontrola, el papel de la Fed siempre ha sido retirar la ponchera, no llenarla de nuevo.
Un eco histórico: de Martin a Powell
William McChesney Martin, el presidente más longevo de la Fed (1951–1970), definió la función del banco central como “retirar la ponchera justo cuando la fiesta comienza a animarse”.
Hoy, sin embargo, Powell parece más inclinado a reabastecerla. A pesar de señales claras de exuberancia —índices bursátiles en máximos históricos, diferenciales de crédito corporativo en mínimos de 25 años, auge en salidas a bolsa con fuertes revalorizaciones iniciales, deuda con margen superior al billón de dólares, récord en la actividad de opciones e incluso el regreso de los SPACs— la Fed se prepara para recortar tipos. Una decisión muy distinta a la disciplina de Martin en tiempos de sobrecalentamiento.
El delicado equilibrio de Powell
En su intervención, Powell reconoció la presión de dos fuerzas opuestas:
- La inflación sigue con riesgos al alza.
- El empleo enfrenta riesgos a la baja.
Aunque el desempleo se mantiene en el 4,2%, Powell describió el mercado laboral como un equilibrio “curioso”, con oferta y demanda de trabajadores debilitándose al mismo tiempo. Su temor: que esta aparente estabilidad se rompa y derive en despidos masivos.
Ese argumento lo alineó con los miembros del FOMC Christopher Waller y Michelle Bowman, quienes ya defendían un recorte en julio. El viraje dovish tuvo un impacto inmediato en las expectativas: según el CME FedWatch, la probabilidad de un recorte de 25 puntos básicos en septiembre subió al 90% desde el 70% del día anterior. Los futuros además descuentan múltiples recortes hasta mediados de 2025, con un rango objetivo de la Fed cayendo hacia 3,0–3,25%, por debajo del 3,6% proyectado en junio.
El giro de política: adiós al FAIT
Más allá de los movimientos tácticos, Powell anunció un cambio estructural. El marco de Objetivo de Inflación Media Flexible (FAIT), adoptado en 2020 para permitir sobrepasar el 2% después de años de inflación baja, queda oficialmente descartado.
Las razones son evidentes: la combinación de políticas fiscales expansivas, estímulos monetarios ultra laxos y cuellos de botella por la pandemia disparó la inflación a más del 9% en 2022, el nivel más alto en 40 años. Ahora, la Fed vuelve a una meta estricta del 2%, sin tolerancia para compensaciones.
Política y presión
La independencia de la Fed se ve amenazada por el creciente ruido político. Desde la Casa Blanca se intensifican las presiones para recortar tipos, mientras aumentan los ataques contra sus gobernadores. Las acusaciones de fraude hipotecario contra Lisa Cook y la amenaza del presidente Trump de destituirla si no renuncia muestran cómo la política está penetrando en la institución.
Si Cook se retira, Trump tendría margen para reforzar el consejo con perfiles leales, junto a Waller, Bowman y Stephen Miran (nombrado para reemplazar a Adriana Kugler). A ello se suma la incertidumbre sobre la continuidad de Powell, cuyo mandato concluye en mayo de 2026.
Implicaciones de mercado y macro
El giro de la Fed abre un escenario complejo:
- Renta variable: la política acomodaticia puede prolongar el rally bursátil, pero también aumentar el riesgo de burbujas en sectores de alta beta y productos especulativos.
- Renta fija: los recortes podrían paradójicamente empinar la curva de tipos. La combinación de política monetaria expansiva y gasto fiscal elevado podría impulsar el rendimiento del Treasury a 10 años más de lo esperado por Wall Street.
- Gestión de riesgos: el entorno recuerda a fases finales de ciclo: abundancia de liquidez, fuerte presión política y un banco central que actúa de manera dovish pese a la sobrevaloración de activos.
Conclusión
El viraje de Powell refleja que la Fed ya no actúa en un vacío técnico: mercados, política e historia reciente pesan cada vez más en su estrategia. Aunque los inversores celebran la perspectiva de dinero más barato, ignorar la exuberancia puede ser costoso.
El mensaje de Martin sigue vigente: retirar la ponchera a tiempo evita resacas mayores. Hoy, sin embargo, la Fed parece más dispuesta a seguir sirviendo copas.


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