La OCDE ha recortado significativamente sus previsiones de crecimiento global, alertando sobre un panorama económico cada vez más deteriorado para los próximos dos años. Esta revisión no solo afecta las expectativas de PIB global, sino también las perspectivas de inflación, política monetaria y comercio internacional, configurando un entorno desafiante para los mercados financieros.
Crecimiento global en mínimos post-pandemia
Según las proyecciones actualizadas, el crecimiento mundial se desacelerará al 2,9% tanto en 2025 como en 2026, niveles no vistos desde la pandemia. Este dato contrasta con la resiliencia observada entre 2021 y 2023, donde el crecimiento superó el 3% gracias a la recuperación pospandémica, políticas fiscales expansivas y estímulos monetarios sin precedentes.
El contexto actual es distinto: el endurecimiento de las condiciones financieras, la ralentización del comercio global y la incertidumbre geopolítica están pesando sobre la inversión y el consumo.
Estados Unidos: crecimiento bajo presión e inflación persistente
La OCDE proyecta que el PIB de Estados Unidos pasará de un robusto 2,8% en 2024 a tan solo 1,6% en 2025 y 1,5% en 2026. Este freno económico se produce en paralelo a una inflación que se espera alcance el 4% a finales de 2025, manteniéndose por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal durante un periodo prolongado.
¿Qué implica esto para la política monetaria?
La Reserva Federal podría posponer cualquier recorte de tipos hasta bien entrado 2026, lo que tendrá un impacto directo en las valoraciones de renta variable, bonos y activos de riesgo. Los mercados, que habían anticipado recortes en 2025, deberán reajustarse en función de un entorno más restrictivo.
Tensiones comerciales: el retorno del proteccionismo
Uno de los factores clave que la OCDE identifica como catalizador negativo es el resurgimiento de políticas comerciales agresivas. La reintroducción de aranceles por parte de Estados Unidos, especialmente bajo un eventual segundo mandato de Donald Trump, está elevando la tasa arancelaria efectiva media desde el 2,5% a más del 15%, el nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial.
Este viraje proteccionista genera distorsiones que afectan no solo a los flujos comerciales, sino también a las decisiones de inversión y a las cadenas de suministro globales. El aumento de la incertidumbre regulatoria impacta de forma directa en la formación de capital fijo y en las proyecciones de crecimiento a medio plazo.
Ajustes generalizados en el G20
El debilitamiento económico no se limita a Estados Unidos. Las proyecciones de crecimiento para casi todos los miembros del G20 han sido revisadas a la baja. Algunos ejemplos:
- China: de 5% en 2024 a 4,7% en 2025 y 4,3% en 2026
- Eurozona: crecimiento estancado en torno al 1,0%
- Reino Unido: recorte de previsiones a 1,3% en 2025 y 1,0% en 2026
- Japón: apenas 0,7% en 2025 y 0,4% en 2026
Además, el comercio global, que históricamente ha sido motor del crecimiento, apenas avanzará un 2,8% en 2025 y 2,2% en 2026, según la OCDE.
Riesgos fiscales y baja inversión: el talón de Aquiles estructural
A lo anterior se suma un deterioro de las finanzas públicas: el gasto en defensa y las presiones sociales siguen al alza, mientras que la inversión en capital productivo permanece débil. A pesar de los beneficios corporativos elevados, muchas empresas continúan priorizando la recompra de acciones y la acumulación de liquidez por encima del gasto en I+D o expansión.
Este patrón supone una limitación estructural al crecimiento potencial y puede tener efectos prolongados sobre la productividad y la sostenibilidad del endeudamiento soberano.
Conclusión: ¿Cómo posicionarse ante este entorno?
Para los inversores, el mensaje clave es claro: nos adentramos en un ciclo de bajo crecimiento, inflación persistente y elevada incertidumbre política y fiscal. Desde WSV Research recomendamos:
- Aumentar la exposición a sectores defensivos y compañías con capacidad de fijar precios.
- Revisar la sensibilidad de las carteras a los tipos de interés, ajustando duraciones y ponderaciones sectoriales.
- Mantener un enfoque internacional selectivo, evitando geografías con tensiones políticas o alta dependencia del comercio global.
- Valorar compañías con altos retornos sobre el capital invertido (ROIC) y balances sólidos, capaces de resistir entornos macroeconómicos adversos.
El contexto actual exige análisis riguroso y toma de decisiones basada en fundamentos. Desde WSV Research seguimos comprometidos en ofrecer investigación independiente para ayudarte a navegar los mercados con criterio.


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